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El
pimiento, de humilde pasado, ha ido ascendiendo de categoría
en la escala gastronómica.
Procede,
como tantos cultivos, de
América,
por lo que no se incorpora a la cocina española hasta
el siglo XVI. Los colonizadores del nuevo mundo buscaban pimienta
y otras especias y se encontraron con una planta cuyo llamativo
fruto de color rojo era
utilizado por los indígenas para acompañar
sus comidas;
le llamaron pimiento.
Los
pimientos del piquillo son carnosos y delicados, con textura
turgente, sin llegar a ser dura. Pero además de sus indiscutibles
propiedades gustativas, los pimientos del piquillo cuentan con
unos excelentes valores
nutricionales.
Tienen una importante presencia de caroteno,
abundancia en fibra,
un 93% de agua,
minerales
como el potasio o el fósforo
y un bajo nivel calórico
(apenas 19 calorías
por 100 gramos de producto).
Armonizan
a la perfección con el bacalao, el atún, los chipirones.
Realzan de forma muy especial los platos de huevos, ligan con
el arroz, las patatas y las pastas y se acomodan a la fragilidad
del hojaldre. Un fruto excepcional que, si bien se ha utilizado
tradicionalmente para acompañar a otros alimentos, pueden
ser un plato
exquisito por si mismo, apenas condimentado
con ajo y sal. |
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